EL DRAMA DEL EMBARAZO DE UN MES (LLEVADO A CABO POR NUEVE MUJERES)

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Estamos en un mundo cambiante donde todo va cada vez más rápido, se consume documentación a gran velocidad y se generan nuevos textos continuamente.

Las empresas de traducción, que otrora recibían los textos por fax o por correo postal y que medían los trabajos por semanas, hemos tenido que cambiar, hemos tenido que virar para ajustarnos a la nueva realidad. No hace tanto, los clientes mandaban un proyecto de medio millón de palabras, hacías un par de reuniones y la siguiente vez que tenías contacto con ellos era el día de la entrega, unos cuantos meses después. Actualmente, los proyectos han cambiado de forma: muchos de ellos son pequeños, de menos de mil palabras, y hay que entregarlos el mismo día en que se encargan. Más aún, muchos clientes desearían que proyectos más grandes, de más de veinte mil palabras, también se entregaran el mismo día o, si no puede ser, pues el día siguiente.

Ahora bien, traducir es un proceso un tanto más complicado que limitarse a añadir más recursos para hacer el trabajo más deprisa. Aunque es cierto que las herramientas actuales de traducción asistida permiten acelerar el procedimiento de traducción, también lo es que una buena traducción requiere el tiempo necesario para investigar la terminología y buscar las mejores palabras (las que más se adecúen al texto en el que se está trabajando), tratando de utilizar el mínimo de recursos posibles (idealmente, un solo traductor y un solo revisor por trabajo).

Es francamente sorprendente encontrar clientes que pretenden tener “mañana” la traducción de su texto, que han tardado meses en escribir, y obvian lo más importante: así, el lector de la traducción no apreciará ese texto madurado durante largas semanas para que quede perfecto, sino que verá un texto traducido a toda velocidad, que en el mejor de los casos será correcto, pero probablemente anodino.

Conviene, pues, que el cliente piense muy bien cuando pide para “mañana” su traducción de miles y miles de palabras si realmente es necesario, ya no por el estrés que puede generar en la empresa de traducción, que normalmente intentará cumplir con los plazos solicitados, sino por la calidad de lo que va a recibir. Esa traducción homogénea, reflexionada, precisa… solo puede existir con los tiempos adecuados. A veces, claramente, es necesario ir rápido y podemos conseguir el milagro de parir un bebé en un mes utilizando nueve mujeres… pero debe tenerse muy claro cuando puede hacerse esto. Un ejemplo son los textos técnicos, cuyo objetivo es que el significado se comprenda para trabajar sobre él, es decir, textos correctamente traducidos pero cuyo estilo (y el hecho de que hayan intervenido multitud de personas en su adaptación) no sea relevante. En el resto de los casos, dejarse aconsejar por la empresa de traducción, que puede ofrecer diversas posibilidades, es siempre una buena estrategia. A menudo puede llegarse a una solución de compromiso en la que no se utiliza un solo traductor y un solo revisor, pero tampoco una legión. A veces, simplemente hablando las cosas con los clientes, ellos mismos se dan cuenta de que eso que querían mañana igual también les sirve en cuatro días, y además obtienen un producto mucho mejor.

Para concluir, diré que, si bien el mundo va muy rápido, en general es mejor un embarazo de nueve meses.

 

 

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