EL DÍA EN EL QUE TE ENTERAS

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Generalmente hablando, podría decirse que hay dos tipos de español: el español normativo regulado por la Real Academia Española (entre otras asociaciones y organizaciones de la lengua) y el español que hablan las personas a diario. El segundo se nutre normalmente de la idiosincrasia de sus hablantes y de las particularidades propias de la zona en la que viven. Por este motivo, el castellano que habla un vallisoletano difiere del que habla un gallego o un catalán, y no digamos del que se habla al otro lado del Atlántico.

Cuando hablas en el día a día con otras personas del mismo lugar en el que vives, no eres consciente de estas diferencias. Las alarmas se encienden cuando, debido a que cada vez más nos movemos de unos sitios para otros, entramos en contacto con hablantes de otras regiones. Así llega el día en el que te enteras de que algunas expresiones o palabras que llevas usando toda la vida no pertenecen al español normativo. Y ese mismo descubrimiento lo hace tu interlocutor cuando nota que tienes cara de no entender lo que te está diciendo.

Me atrevería a decir que estas diferencias son más notables en las regiones donde además del castellano se hablan otros idiomas, como en Galicia y Cataluña. En estas regiones, el castellano está influenciado por el gallego y el catalán, respectivamente.

Del encuentro entre los gallegos y los catalanes de esta empresa surgen una serie de situaciones cómicas producto del uso de estos palabros que inconscientemente usamos al hablar. La lista podría ser muy larga de uno y otro lado, pero aquí solo mencionaremos los que han producido una situación más cómica o chocante en la conversación.

Un día estábamos comentando las actividades que se podían hacer en nuestro tiempo libre y yo dije “Por semana no tengo mucho tiempo libre”. Lo que se les debió venir a la cabeza ante esa respuesta fue que por mes si debía tenerlo, y después de unos segundos, alguien dijo: “Ah, entre semana no tienes mucho tiempo libre”.

En otra ocasión, se comentó que podíamos quedar después del trabajo y me preguntaron “Y tú, ¿a qué hora plegas?”. Mi respuesta inmediata fue “¡¿A qué hora qué?!”. Cuando me explicaron su significado, pensé que evidentemente es mucho más corto usar plegar que no acabar de trabajar.

En la pausa de la comida tenemos más tiempo para hablar distendidamente. Estábamos hablando de formas de caerse por la calle y dije que una amiga mía se había caído con su hijo en el colo. A pesar de que en catalán existe la expresión a coll, ninguno de los interlocutores lo asoció a esta expresión y todos me preguntaron que dónde llevaba mi amiga a su hijo. La expresión correcta hubiera sido “en brazos”.

Nunca imaginé que la palabra “cuello” diese tanto juego en estas dos regiones hasta que una amiga me dijo “Me duele el cuello”. Pensé que tendría torticolis, pero lo que tenía era dolor de garganta. Había traducido la expresión Tinc mal de coll literalmente al castellano, originando la duda de qué parte del cuerpo le dolía realmente.

Una que me asombró mucho fue lacena. De toda la vida, yo guardaba las cosas de la cocina en la lacena. Hasta que llegué al Mediterráneo y dije “Por favor, guarda el vaso en la lacena” y todos me preguntaron al unísono “¿Dónde?”. Para ellos, el lugar de guardar los vasos era, simplemente, el armario de la cocina.

Y como dice el refrán “Nunca te acostarás sin saber una cosa más”, yo no me acosté sin saber una cosa más el día en el que me dijeron que “Las racholas de las calles son diferentes”. Claro, en las calles hay muchas cosas diferentes y yo no tenía ni idea de a qué se estaban refiriendo hasta que me dijeron “Claro, las racholas de las aceras”. En ese instante me di cuenta de que se referían a las baldosas del suelo, que tienen diferentes dibujos.

Podríamos seguir hablando de los palabros que se entrelazan con el castellano en el día a día, pero lo dejaremos para otra posible entrega de este blog. Con los que os hemos enseñado ya tendréis un buen material para no confundiros si viajáis por diferentes regiones de la geografía peninsular.

 

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