CÓMO SEDUCIR A UN PM

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Cuando un traductor freelance empieza en el mundo de la traducción o, simplemente, cuando quiere ampliar su cartera de clientes, suele poner todo su empeño en el difícil proceso de contactar con empresas, demostrar su formación y experiencia, llegar a un acuerdo en cuanto a tarifas, firmar acuerdos, enviar documentación… hasta que, por fin, empieza a recibir encargos.

Podría parecer que lo más complicado está hecho y ya solo queda un camino de rosas, facturas pagadas y vacaciones en Hawái, pero nada más lejos de la realidad. Todavía queda la tarea más ardua y exigente que todo traductor debería dominar: seducir a un PM.

Empecemos por el principio. ¿Qué es un PM y por qué me complica la vida? PM son las siglas de Project Manager, es decir, gestor de proyectos de traducción (pero en inglés, que siempre da más caché). Es la persona encargada de organizar el proceso de traducción y debe asegurarse de que se cumplen tres objetivos claros: entregar dentro del plazo exigido por el cliente, garantizar una traducción profesional y de calidad, y ajustarse al presupuesto para obtener beneficios.

Para un traductor, el PM es la persona de contacto en el día a día, quien le ofrecerá las traducciones o revisiones con sus respectivos plazos de entrega y quien le emitirá las órdenes de compra que después podrá facturar. Por lo tanto, un PM contento es una fuente de trabajo casi asegurada. Entonces, ¿qué hay que hacer para convertirse en el traductor favorito de un PM?

 

Entregar a tiempo

Normalmente, los clientes suelen querer los encargos de traducción para ayer. Es decir, que los plazos suelen ser muy ajustados y, en los casos más extremos, es necesario repartir el trabajo entre varios traductores. No es una práctica recomendada ni por calidad (problemas de coherencia), ni por practicidad (coordinar a más personas multiplica la probabilidad de que algo salga mal), pero si el cliente prefiere rapidez, es la única opción viable.

Cuando los plazos aprietan, que un traductor se retrase puede llegar a complicar mucho la gestión de un proyecto. A veces, media hora de retraso significa que el revisor que esperaba la tarea ya no se pueda encargar de ella y que haya que buscar a otra persona de manera urgente. O, simplemente, que ya sea físicamente imposible cumplir la fecha y hora de entrega al cliente.

Estas situaciones estresan al PM y, la próxima vez que tenga un encargo, preferirá preguntarle disponibilidad a ese traductor que siempre entrega a la hora y no le hace sufrir más que el payaso de It.

 

Confirmar la recepción de los archivos (y que todo está bien)

Una vez que el PM ha encontrado a un traductor disponible y adecuado para una tarea de traducción, solo le queda enviarle los archivos, las instrucciones y la orden de compra. Escribe un correo electrónico, lo adjunta todo, da las últimas explicaciones necesarias… y “Enviar”. ¡Qué felicidad al saber que la tarea está asignada! Pues no. El PM, que es una persona a la que le ha fallado todo lo que podía fallar durante su jornada laboral, siente la necesidad de saber que ese traductor puede trabajar con las herramientas que tiene. Siempre está bien un “¡Recibido!”, pero, si la intención es que caiga en nuestras redes para siempre, es imprescindible abrir los archivos, comprobar que todo funciona y, si hay algún problema, avisarlo con tiempo suficiente. Una confirmación de que todo está bien es garantía de engatusamiento de PM. En cambio, un aviso a última hora de que los archivos no están bien retrasará todo el proceso y volveremos al punto anterior.

 

Resolver las dudas

Lo peor que le puede pasar a un PM es que, después de haber entregado la traducción, reciba quejas por parte del cliente porque no se hayan seguido las instrucciones, porque no se haya avisado de un posible error o porque la traducción no se ajuste a sus necesidades. A veces, son cosas que podrían haberse solucionado con un par de correos electrónicos si las instrucciones eran complicadas o si el original no era suficientemente claro. Eso sí, es muy importante intentar ser claro y conciso y enviar todas las dudas en un único correo. Un bombardeo de correos electrónicos más largos que El Quijote rompe el corazón de cualquier PM.

Finalmente, solo hay un requisito más para convertirse en el objeto de deseo de los gestores de proyectos, que describimos a continuación.

 

Calidad

Eso es algo que cualquier traductor profesional se pone como objetivo personal. Nadie se propone hacer el trabajo peor de lo que podría, pero a veces no se tienen en cuenta aspectos que afectan directamente a la calidad final de la traducción. Por muy necesitados de encargos que estemos, nunca podemos aceptar más carga de la que podamos traducir con garantías. Entregar traducciones hechas deprisa y corriendo suele ir acompañado de un mal resultado y, en consecuencia, de perder un poquito la confianza del PM, y ya se sabe… una relación sin confianza nunca tiene final feliz.

Otro error muy habitual es no pasar el corrector automático. Cualquier herramienta de traducción tiene un corrector integrado o permite exportar la traducción para utilizar nuestro corrector favorito. Si no lo hacemos y entregamos con errores tipográficos fácilmente detectables, el PM puede pensar que no nos importa lo suficiente y que no somos dignos de toda su atención.

Teniendo en cuenta estos pequeños detalles, no habrá gestor de proyectos que se nos resista y nuestra Bandeja de entrada estará siempre llena de estupendas propuestas y grandes satisfacciones.

 

 

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